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PatrickSchmid

Liderazgo y organización · · 1 min de lectura

La conducción le gana a la estructura

En el desarrollo organizacional hablamos mucho de la estructura organizacional (organigramas, roles) y de la organización de procesos (procesos, flujos de trabajo). Con ello quedan relegados dos niveles relevantes: los sistemas de comunicación y la organización de la conducción.

En la cibernética, la conducción se considera una de las funciones vitales centrales de los sistemas complejos. Se trata de cómo fluye la información, cómo surgen las decisiones y cómo se procesa la retroalimentación. Justo ahí se atora en muchas empresas.

La información se queda atorada o llega tarde. Las decisiones quedan colgadas en los espacios intermedios. Las tensiones no se aprovechan, sino que se reprimen.

No importa qué tan modernos sean el organigrama o los procesos: si la conducción y la comunicación no engranan de forma coherente, cada reorganización se come su propio efecto.

Quien quiera cambiar eso tiene que entender primero cómo funciona la conducción en lo que con frecuencia es complejo, más allá de planes y diapositivas. A menudo subestimamos lo exigente que es y, al mismo tiempo, sobrestimamos nuestra propia comprensión de ello.

Es decir: diseñar las vías de decisión de modo que aseguren una capacidad de acción real. Diseñar los procesos y los ciclos de comunicación de forma clara y visible. Anclar la retroalimentación de modo que dé orientación en lugar de bloquear.

Solo cuando los sistemas de conducción y la comunicación sostienen, puede surtir efecto también la estructura. Entonces el cambio se vuelve desarrollo; y la reorganización, valor agregado sostenible