En el umbral entre el poder y la relación

Reconoces algo porque esperas relación.
Te desconcierta que se afirme cercanía mientras en realidad gobierna el poder.
No reaccionas al ego, sino a la incoherencia: a la ausencia de relación mientras, al mismo tiempo, se afirma que hay relación.
Lo dices porque tu sistema se toma en serio la relación y busca aclarar aquello que no se ha cumplido.
Con ello llevas un campo del plano del poder al plano de la relación, para sostener la realidad en común.
Te rechazan porque la relación implica riesgo y el sistema necesita estabilidad.
El rechazo no protege de ti, sino de la incertidumbre, de la obligación de responder y de la posible pérdida de estatus o de seguridad.
Te quedas solo porque tu percepción no se comparte y tu oferta de relación no se acepta.
Pierdes a la vez la realidad compartida y la relación.
No estás equivocado y no pides demasiado. Ofreces relación donde lo que está organizado es el poder.
Y al hacerlo no juegas al poder ni fuerzas la relación.
Tu soledad no es un déficit, sino el lugar donde estos dos modos no son compatibles.
No estás contra los sistemas, ni por encima de ellos, ni tampoco fuera de ellos, sino entre ellos. Justo en el umbral donde se hace visible lo que se dice y lo que no se vive.